En el primer día se distribuyeron los tres diferentes grupos. Los que irían al Banco de alimentos, los de los comedores de la Madre Teresa y el grupo del Cottolengo. Pensé que al ser tan grande el número de voluntarios necesarios en el Banco de alimentos y tan pocos los necesarios en los otros dos grupos, sería mejor que fuera al Banco de alimentos durante los tres días. No es nada en contra de las otras dos opciones, sólo que yo ya había ido al Cottolengo en otras ocasiones. Decidí ceder mi lugar a aquellas personas que nunca hubieran tenido la oportunidad de ir.
La primera jornada fue un poco introductoria. Nos enseñaron las instalaciones y nos explicaron cómo funcionaban. Tras la explicación comenzamos con las bañeras, unas cajas de unos quinientos quilos de comida que necesitaban ser clasificadas. Estubimos durante una hora clasificando sin parar cajas y cajas de comida. A la hora de marcharnos nos dijeron el número de quilos de alimentos clasificados y todos nos sentimos orgullosos de haber contribuido en lo posible. Cinco mil quilogramos demuestran que somos capaces cuando queremos.
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